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  • Foto del escritorJosé Guillermo Ros-Zanet

EL HOMBRE A LA INTEMPERIE MORAL

Actualizado: 5 mar 2021


Actuar contra la propia conciencia es un gran mal; pero actuar inconscientemente (sin conciencia crítica) es como un mal mayor.


“Hazte lo que eres”, pedía Píndaro.


Hazte el Buen Hombre que eres. Hazte el Buen Médico, el Buen Abogado, el Buen Educador, el Buen Político, el Buen Ciudadano… tienes la libertad de serlo; de ser tú mismo… No seas el mutante, el sub-humano, el no-humano que no eres (que no debes ser).


“No hago el bien que quiero, y, sin embargo, hago el mal que no quiero”.

Esta sentencia bíblica nos recuerda lo que nos llama desde lo más oscuro del ser…

Desde el instinto, desde el mal…Pero podemos oponernos; podemos luchar contra el mal, amparados en “el más grande Amor”.


Busquemos conocer el Bien y querer el Bien, para hacer posible la comprensión del mal, y el repudio del mal… Y hacer el Bien… Recordemos que en nuestro tiempo y circunstancia predominan la enseñanza y el ejemplo del mal: los medios masivos de información (de deformación y desinformación) venden cada día, cada hora, cada minuto, lo anormal… El anti-hogar, la anti-familia, la anti-escuela.


La anti-sociedad y las anti-políticas parecen signar nuestro tiempo.


Debemos luchar no sólo contra el instinto (contra la naturaleza anti-humana) sino también contra la exterioridad; contra la “cultura de la mercancía” (cultura “homogenizada”, de masas) que parece presidir nuestra contemporaneidad. Es necesario, que cada minuto, cada hora, cada día de nuestro vivir y hacer, fortalezcamos la Libertad espiritual total con que nacemos dotados; para que esa Libertad (Libertad para escoger el Bien, la Verdad y la Belleza) nos lleve a alcanzar el máximo desarrollo de nuestra conciencia (de nuestra espiritualidad), para hacer posible el logro del mayor bien personal y social.


Justicia, Verdad, Probidad y Libertad, sin más; sin más calificativos.


Ni justicia revolucionaria, ni justicia republicana, ni justicia democrática… ¡Justicia, simplemente! ¡Inmensamente!


La Ética (la moral) es un asunto personal, individual. Y, desde la persona individual, la moral trasciende (debe trascender) hasta alcanzar la sociedad.


La Ética no ha de sustentarse en el placer, como lo pretendiera el Eudemonismo (y hasta el Hedonismo y el Utilitarismo) … Es cierto que San Agustín dijo (y es cierto): “todos los hombres quieren ser felices” … Pero el placer (bien lo supo el buen santo) no puede ser la eterna fuente del Bien, ni de la Felicidad.


Recordemos que los placeres no sólo varían en cantidad sino también en calidad. Así, hay placeres bajos y placeres altos; placeres de los sentidos, y placeres del espíritu… Y cuán difícil puede resultar, muchas veces, para muchas personas, diferenciar los placeres superiores de los inferiores.


Para el Hombre Bueno, para el “Hombre del Deber”, la vida moral consiste en la realización de nuestra más alta posibilidad como seres humanos. Y esta aspiración está en el individuo; no está en la sociedad, primigeniamente.


El Hombre Moral hace la Sociedad Moral.


Hay quienes a lo largo de la Historia pretendieron alejar la Vida Moral de la Vida Individual. Situaron la Moralidad en una como vida sobre-individual, en una realidad en la que el Hombre (individualmente) ya no tenía participación… La moral, decían, provenía de la masa, de la colectividad… (Hegel dijo: “Sólo porque es ciudadano de un Buen Estado, ese individuo llega a la moralidad”. Y esto estaba dicho no para los que llegan antes, seguramente).


Es como si quisiéramos dejar al Hombre a la Intemperie moral… Como receptor pasivo de la eticidad.


En este universo colectivo (pretendidamente supra-individual) se movieron también aquellos que creyeron cambiar a la sociedad (al cambiar las relaciones de producción y la posesión de los medios de producción), para luego cambiar al Hombre… Y su destino a los 73 años fue el derrumbe aparatoso, descomunal, de un imperio, de una ideología, de un sistema.


Lo esencial parece ser: cambiar (primero) el corazón del Hombre, para hacer posible, luego, el nacimiento de la Sociedad Moral.


“Vivir moralmente es realizar nuestra propia esencia” nos dejó dicho un gran filósofo (realización de lo más humano de lo humano). El Hombre moral hará posible la Sociedad Moral. El Hombre al hacerse moralmente a sí mismo (por la Gracia y por la Voluntad) tendrá también la mirada puesta en el inmenso presente y en la trascendencia: en la Sociedad Moral, y en la Humanidad Moral.


Hoy el Hombre vive alejado de Dios y de sí mismo. Por eso vive a la intemperie, al descampado moral… Pero el retorno a la Vida Moral es sencillo, no cabe duda alguna…


Pero no es fácil… Es una cumbre de Dios.


Abril 2000

EL HOMBRE A LA INTEMPERIE MORAL
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